“Así es como nazco…
Hace frío, y normal es a seis kilómetros de altura. Recién nazco, dulce, frío pero gracias fan los humanos a mi aparición. Mi nombre es sinónimo de vida, sinónimo de energía, saltos, caídas y cuencas me conforman. Mis ramas llegan hasta los mas pequeños pueblos, mis voces se escuchan hasta los mas pequeños cerros. Mi sangre se derrama todo el tiempo sobre la tierra, pero eso no me molesta. Muero y nazco de otra forma, en otro lugar, pero siempre estoy.
Bajo lentamente por un valle para caer en la cuenta, que a mi marchar, mis compañeros se me han unido. Ya somos una tropa, una pequeña pero fuerte tropa que avanza sin destruir nada, o a veces, casi nada. Llenando con nuestra sangre la tierra, pero eso no nos molesta. Nos unimos para combatir la muerte, para combatir la sed y el hambre. Seres llenos de vida se alimentan de nosotros y nos siguen la corriente en este camino.
De pronto, sentimos el calmar del torrente. Sentimos las templadas llanuras reír y aclamar nuestro nombre. Los animales vivos y contentos se acercan para ver, verse, y llevarse un poco de cada uno de nosotros. Ya el harto pesar y el tanto caminar se nota en nuestra ropa, manchada y cansada, nuestro humor también cambia. Algunos mueren desangrados, quedando distendidos en el campo, formando lagos y lagunas de sangre. Otros preferimos sobrevivir, y llegar hasta el oscuro y cambiante final. Lástima que a más altura, es mejor la vida.
Nuestro cuerpo esta débil, cansado y febril, ya que el sol nos asesina lentamente con su calor, sacándonos piel y huesos, retrasando nuestro trabajo. Arduo viaje el mío, ya solo, viajo en vela por mis compañeros, mi tropa, mi querido cuerpo, que yace disperso por todo el campo, con la misión cumplida.
Predigo un poco al resto de mi cuerpo, llenándolo de mis lagrimas saladas, llorando a mis compatriotas. Pero sigo, enfermo, sucio, infectado, vivo para esto, y para esto moriré.
Llego ya caliente, ya revoltoso y feo, hasta las afueras de una ciudad, donde me desmiembran fuertemente y con violencia, para dar servicio a los terribles humanos. No nací para esto, mi misión era ayudarlos, pero no que me maltrataran. Uno les da la mano, y del brazo te tiran, lástima que no me vean caer.
…y así es como muero”
Mi viaje casi culmina en un pequeño arroyo desatendido, pasando todas las escalas de esta rara sociedad que en mi anterior vida nunca he visto. Gente trabajando en lugares grises y grandes, echando un vapor tan negro como el líquido que sale de aquellos tubos, y me manchan mi ropa recién estrenada.
Aquí es donde muero, salado, contaminado, sucio y deprimido. Aquí es donde termina mi vida, la de mis compañeros y la de todos los seres vivos. Aquí es donde termina mi ciclo, una de mis vidas, aquí es donde termia el viaje de la vida, el viaje del agua, aquél que me conforma y compone, aquél que me hizo nacer dulce, limpio y fresco, y aquél que me vio morir salado, sucio y caliente.